El Ministerio de Justicia como actuar clave en la prevención del delito.
Campos Santelices (2024), menciona que la
forma en que la institucionalidad costarricense ha enfrentado la violencia
social ha pasado por diversos enfoques conceptuales, modificaciones normativas
y esfuerzos intersectoriales. El análisis desarrollado por Campos Santelices (2024), representa un aporte clave al ofrecer una reconstrucción crítica de estos
procesos, en la que se evidencian tanto los avances como las limitaciones aún
presentes en el diseño e implementación de políticas públicas preventivas.
Además el Ministerio de Justicia ha promovido
iniciativas orientadas a esta visión, consolidando estructuras institucionales
que buscan articular políticas preventivas con actores locales. La creación de
diversas direcciones y comisiones, como la Dirección General para la Promoción
de la Paz y la Convivencia Ciudadana y la CONAPAZ, que ha permitido sentar las
bases para una acción estatal más coordinada. No obstante, se destaca que aún
persisten barreras importantes, como la dispersión de funciones, la falta de
liderazgo político de alto nivel, y la baja articulación entre instituciones,
lo cual limita el impacto de las estrategias implementadas.
En un intento por superar
estas limitaciones, se diseñó el Plan Nacional de Prevención de la Violencia y
Promoción de la Paz Social, una estrategia que promueve la articulación entre
el Estado y las comunidades. Este plan incorpora programas dirigidos a
poblaciones vulnerables, en especial jóvenes en situación de exclusión,
mediante el fomento de liderazgos comunitarios, actividades artísticas y
educativas, y la recuperación del espacio público como entorno de convivencia.
Por otra parte, el sistema judicial penal, se presenta
una crítica a la concepción tradicional del castigo como herramienta central
para garantizar la seguridad. Se señala que el endurecimiento de penas, sin
acompañamiento de políticas sociales, resulta insuficiente e incluso
contraproducente. Se plantea que el derecho penal debe actuar como último
recurso, basado en el principio de racionalidad y orientado a la restauración
del daño más que a la retribución.
Además, se subraya la importancia del garantismo
penal como base de un sistema democrático. Las garantías procesales deben ser
vistas como mecanismos de protección ciudadana y no como obstáculos a la
justicia. Esta visión busca equilibrar el poder punitivo del Estado y evitar
prácticas que vulneren derechos fundamentales, especialmente de sectores
históricamente excluidos.
También se reflexiona sobre la diferencia entre la percepción de inseguridad y los datos estadísticos, explicando que muchas veces la ciudadanía se siente insegura no necesariamente por un aumento delictivo real, sino por influencia de los medios de comunicación, políticas internacionales o falta de inversión social. La seguridad, por tanto, no debe entenderse solo como ausencia de delito, sino como la presencia de condiciones que permitan una vida digna para todas las personas.
Este análisis concluye con la necesidad urgente
de consolidar una política pública integral, sostenida en el tiempo, que supere
los enfoques fragmentarios y reactive el papel del Estado como garante de
derechos. La violencia debe ser comprendida desde una perspectiva estructural y
abordada con estrategias que prioricen la prevención, la justicia restaurativa,
la equidad social y la participación activa de las comunidades.
| Imagen 1: Noticias del Periódico de la República, de la desconfianza del gobierno de Costa Rica antes la seguridad. (Arrieta, 2025). https://www.larepublica.net/noticia/nunca-antes-ticos-desconfiaron-tanto-del-gobierno-para-resolver-problema-de-inseguridad-como-ahora-segun-ciep-ucr? |
Propuesta
Para enfrentar la violencia social en Costa Rica, es necesario que el Estado trabaje en conjunto y de manera constante, dejando atrás esfuerzos aislados o dispersos. Esto implica escuchar y trabajar mano a mano con las comunidades, especialmente con quienes están en situaciones más vulnerables, apoyándolos con programas que promuevan la inclusión, la educación, la cultura y la recuperación de los espacios públicos. También es importante que el sistema de justicia cambie su enfoque, dejando de lado el castigo como primera opción, y apostando por soluciones que ayuden a reparar el daño y respeten los derechos de todos. Además, es fundamental que el gobierno comunique con transparencia y claridad para que la gente recupere la confianza y entienda mejor la realidad de la seguridad en el país.
Conclusión
En conclusion, enfrentar la violencia social no es tarea sencilla, pero Costa Rica tiene la oportunidad de construir un camino más justo y seguro para todos. Esto requiere que las instituciones y la sociedad trabajen juntas, con políticas que se enfoquen en prevenir, reparar y fortalecer los lazos entre las personas. Más allá de castigos y respuestas rápidas, lo que se necesita es un compromiso real que garantice la dignidad, el respeto y la participación de todos. Solo así será posible recuperar la confianza de la gente y crear comunidades donde la convivencia pacífica sea una realidad palpable.
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